Comencé a recordar lo que me dijo, y con esta segunda repasada, recién pude tomar el peso de lo que estaba viviendo.
Sus palabras fueron duras, muy duras y ahora empiezo a sentirme enfermizamente deprimido, es que nunca pensé que alguien que yo tanto quiero, me diría algo así.
Ahora sus palabras resuenan en mi interior y causan que este comience a caerse en pedazos, siento que la pena nunca se irá.
“Déjame en paz”, tres palabras que me destruyeron desde que me di cuenta del efecto que buscan causar.
Llegué a mi casa, abrí la puerta, ni siquiera saludé a mi madre, que se asomó para verme entrar con una cara de muerte. Sé que no es su culpa, pero no soy tan fuerte como para esconder lo que me sucede, tragarlo y hacer como si nada pasara. Me acosté, me puse a mirar el techo y como si mis ojos hubieran esperado hasta ese momento, comenzaron a llorar. Como nunca antes en mi vida lloré. Ya no quería hablar, no quería comer, la pena era tan grande, que todo tomaba un aire de dispensable y poco importante. Y así pasé el primer día, y la primera semana, y el primer mes.
Dejé de comer, ya no quise volver a levantarme, y tampoco quise volver a hablar, para qué volver a relacionarme con la gente, a todos aquellos que estan afuera y les temo, porque sé que si sigo relacionandome terminaré queriendolos, para luego ser herido. Las energías para levantarme ya se han ido, para siempre, no puedo intentarlo.
Me daba pena mi madre, ella es una santa, todos los días intentaba hacerme comer, llegaba tres veces al día con un plato de comida sobre una bandeja, y trataba de convencerme para comerla, pero yo no hacía más que llorar. Como nunca le respondía ella se desesperaba, a veces también lloraba y se marchaba. Admito que nunca me arrepentiré del amor que siento hacia ella, me hacia sentir mal el no tener fuerzas para darle en el gusto.
¿Se han fijado que cuando uno tiene mucha pena, el tiempo parece transcurrir más lento dentro de uno mismo?
Bueno, eso me sucedio a mi, y recuerdo que algunas personas iban a visitarme, repitiendo siempre el mismo monólogo, tratando de convencerme para salir de ahí, como si fuera algo tan fácil, y mientras pasaban los meses y los años, veía como envejecían, sin embargo, todos decian que yo seguía luciendo de la misma forma que hace quince años, cuando todo esto comenzó.
A pesar de los años mi madre seguía trayendome las tres comidas, y siempre terminaban enfriándose, en una bandeja plateada, sobre una mesita, junto a mi cama. Habría deseado tener la fuerza suficiente para decirle cuánto la amo y cuánto agradezco todo lo que había hecho por mi, veinte años sin rendirse. Pero un día en que el cielo supongo que era gris pues lo escuche acompañandome con sus propias lágrimas, que golpeaban la ventana, mi madre dejó de venir, yo pensé que algo la retrasó, sin embargo, no llegó en toda la mañana, ni en la tarde, ni en la noche, tampoco al día siguiente. En lo siguientes días oí algunos pasos por el corredor, pero nadie entro a mi habitación.
Luego de una semana lo comprendí, mi madre había muerto. Hasta ese entonces no me di cuenta de que a pesar de que llevaba mucho tiempo sin siquiera hablar con ella, su compañia y preocupación me hacían más agradable este sufrimiento, como la extraño, por qué me dejé llevar hasta un punto en donde no me pude volver a levantar.
Nadie vino a verme nuevamente, y como mi madre no viene tres veces al día ya perdi la cuenta del tiempo que ha pasado, además que mi madre falleció de noche, durmiendo supongo, por lo tanto nadie jamas abrió las cortinas de mi habitación y no se si es de día o de noche, me siento perdido y la piel comienza a doler por la erosión que causan las lágrimas. Ya no estoy seguro, exactamente de qué gatillo esta reacción, y toda esta nube que invade mi alrededor y se apodera de mis fuerzas. La inercia me arrastra.
Creo que es tiempo, la soledad y el silecio me hace sentir querer salir de aqui, me pondré de pie. Yo sé que puedo y no dejaré que aquella persona que alguna vez me quitó tanto de mi, siga quitando mis días, mi tiempo.
Que extraño se siente el suelo luego de tantos años, no recordaba que la alfombra fuera tan suave. Mirando mi cara en el espejo me doy cuenta que efectivamente no he envejecido un solo día, sin embargo mi rostro es totalmente distinto. Agua, hace muchísimos años que no la veía, al probarla, es el más dulce manjar que recuerdo haber degustado, sin embargo, la ultima vez que la probe, tan insípida me parecia.
La habitación de mi madre, habia olvidado como se veía, todo huele a ella, la extraño muchísimo.
Salgo hacia la calle, y todo está totalmente distinto a como lo recordaba, las calles son más verdes, los autos distintos, la gente viste de modo extraño, y no veo a nadie familiar ¿cuántos años habrán pasado?
Llego al parque, me tiro en el césped y al ver esta tarde de primavera, llena de vida y color, entiendo por qué mi madre en 20 años no se rindió, ella trataba de que yo accediera a ver esto, y no me negara a abrir los ojos, porque el mundo tiene detalles preciosos, pero hay que despertar la sensibilidad suficiente para recibirlos y no encerrarse en aquellas tres palabras que aun resuenan mas ya no me afectan.